Un día, de repente hace ya 3 años, decido apuntarme a unas clases de teatro.
Recuerdo mis primeros ejercicios, me invadía la vergüenza, dentro de mí gritaba.. me puedo sentar ya por favor... un lugar en el que me pueda esconder?..
¿Por qué? No lo sé.
Creo que en aquel momento buscaba desprenderme de algo y no encontraba la forma.
Una amiga me dijo que el teatro era justo lo que estaba buscando.
No te voy a mentir, mi primer pensamiento fue... teatro? ponerme ahí a hacer el payaso... a hacer el ridículo...
Pero decidí probar.
Recuerdo mis primeros ejercicios, me invadía la vergüenza, dentro de mí gritaba.. me puedo sentar ya por favor... un lugar en el que me pueda esconder?..
Pero soy bastante terca, y cada sábado volvía.
En las improvisaciones me ponía muy nerviosa, no sabía que decir... no sabía que decir porque pensaba que había "una forma de hacerlo bien" y yo... quería hacerlo bien.
También pensaba que esas butacas que estaban ahí enfrente mirándome, eran jueces... jueces que iban a evaluarme, a ponerme una nota.
He vivido muy encorsetada en mi personaje.
Y no es que no me guste, lo que no me gusta es no poder salir de él.
El teatro me ha regalado justo lo que buscaba, sentir que puedo desprenderme de mi personaje, ensancharlo y habitar otros que ni imaginaba.
Y la vida me puso al profe que necesitaba, él dice que hacer de uno mismo es fácil, que la riqueza está en abrirte a más registros
Creo que me caló el primer día... siempre me pone personajes que son muy opuestos a mí... tanto que en los primeros ensayos no sé por donde cogerlos...
Me gusta entender las cosas, y observando mi dificultad a interpretar ese personaje, descubrí que detrás había un prejuicio.
Cuando puedo leer las letras que componen esa palabra que juzga... se abre un nuevo camino por el que entra el respeto.
Liberarme de juicios, sentir y expresarme como lo hace otro carácter diferente al mio.
Esto es lo que me regala a mi, el teatro.
Dejar de escuchar las butacas de fuera y las butacas de dentro...
Yo a esto lo llamo, LIBERTAD.









